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La nube: mucho mejor que su reputación

El almacenamiento en la nube ofrece la posibilidad de proteger aquellos datos y recursos propios de manera fácil y cómoda, así como acceder a ellos desde cualquier lugar. Sin embargo, y como consecuencia de las revelaciones y denuncias hechas por Edward Snowden acerca del gobierno estadounidense, junto con los escándalos en los que se filtraron fotos de algunas celebridades de Hollywood, la reputación de la nube se ha visto perjudicada. Muchos usuarios temen que la seguridad de sus datos y sus proyectos se vea comprometida, sin saber realmente qué es es la nube, qué es cloud computing o cómo funciona realmente el cloud hosting.

¿Qué es exactamente la nube?

Muchos proveedores de hosting le permiten a sus clientes almacenar, o más específicamente alojar datos en la nube, ya sean privados o empresariales. Esta información no se encuentra en un disco duro o en un servidor físico a nivel local, sino que está alojada en los servidores del proveedor de cloud computing. Así,  el usuario tiene la impresión de que la infraestructura de IT está presente de manera remota, representada en cierta forma como una “nube” (del inglés Cloud).

El acceso a la nube es posible a través de una red, por ejemplo, a través de Internet. Esto le permite al usuario recuperar la información almacenada desde cualquier lugar, siempre y cuando se tenga acceso a Internet. Servicios de streaming de música, como Spotify, se basan en la tecnología de la nube, permitiéndole al usuario escuchar las canciones deseadas en cualquier momento y desde cualquier lugar. Para las empresas se ofrece también la opción de una “nube privada”, a la cual se puede acceder únicamente desde una Intranet corporativa.  

¿Qué usos tiene la nube?

En principio, es importante distinguir los dos tipos de usos que se le dan a la nube: si se usa como medio de almacenamiento online o de streaming, como Dropbox o Amazon Prime, el cliente adquiere un espacio único en el que se le permite acceso al contenido almacenado. Con este servicio en concreto, el cliente no tiene que preocuparse por nada. Sin embargo, esto funciona diferente cuando el cliente tiene como objetivo utilizar la tecnología cloud con fines de hosting. En este caso, el proveedor de almacenamiento en la nube le permite al usuario gestionar personalmente sus proyectos online, independientemente de si se trata del alojamiento de una página web o una tienda virtual. Los recursos del servidor pueden ser utilizados para gestionar y administrar la cuota y el tipo de uso dado a las diferentes aplicaciones.  

Los servicios normales de alojamiento web están unidos al servidor físico, y por lo tanto los procesos son distribuidos por una central de software que se encarga de asignar los respectivos recursos de hardware que sean  requeridos. El factor diferencial del cloud hosting es que su funcionamiento no depende del hardware. Por ello, cualquier tipo de equipo defectuoso puede ser sustituido fácilmente, sin causar fallos o caídas en la página web o en el servidor.

Cloud hosting: flexible y económico

La completa independencia de un recurso específico de hardware no solo se encarga de convertir el cloud hosting en un servicio a prueba de fallos, sino que también le permite al cliente definir, administrar y gestionar las prestaciones requeridas sin que sea necesario, por ejemplo, reemplazar completamente un servidor. Además, tanto los procesadores como la memoria o la capacidad de almacenamiento en disco son escalables según los requerimientos del proyecto. En cuanto al pago, el usuario únicamente paga por aquello que utiliza; y normalmente, dependiendo del proveedor, es posible facturar desde segundos hasta horas de uso.

Gracias al principio de pago por uso, (del inglés pay-as-you-use), la nube se convierte en una de las soluciones más flexibles y económicas dentro del mercado de servidores. En vez de pagar una gran cantidad de dinero por un servidor de gran tamaño, es posible escalar su capacidad en aquellos momentos en los que sea necesario. Aquellos empresarios con tiendas online que ofertan productos de temporada, como por ejemplo ropa de invierno, no tendrán que preocuparse por pagar costosas tarifas de alojamiento web en primavera o verano. Con el cloud hosting es posible usar únicamente lo necesario y reducir así los costes de manera drástica.

¿Hay alguna diferencia entre cloud hosting y cloud computing?

Quien quiera informarse sobre las posibilidades del cloud hosting, seguramente se topará en algún momento con el concepto de cloud computing. Dicho en pocas palabras, el cloud hosting es solo una parte de aquellas funciones que combina el cloud computing. Las posibilidades que ofrece la computación en la nube van mucho más allá de la gestión de un servidor. Pero para ser más exactos, ¿qué es cloud computing y qué ventajas ofrece?:

  1. Infraestructura como servicio o IaaS (del inglés infrastructure as a service): El usuario recibe acceso, a través de la nube, a recursos de hardware virtualizados, tales como computadoras, redes o espacio de almacenamiento. Tiene además todas las libertades sobre dicho software y es responsable de su instalación y actualización.
  2. Plataforma como servicio o PaaS (del inglés platform as a service): El proveedor le ofrece a los usuarios un entorno de software en el servidor cloud en forma de módulos (algo parecido a un andamio con bastidores) y garantiza su mantenimiento. El usuario puede desarrollar o correr las aplicaciones propias a medida que considere necesario.
  3. Software como servicio o SaaS (del inglés software como servicio): Este modelo de cloud computing es considerado “de nivel superior”. El usuario puede acceder a un software previamente instalado, como Office, y no tiene que preocuparse por las actualizaciones  o la funcionalidad.

¿Es seguro el almacenamiento en la nube?

Hay dos cosas que juegan un papel fundamental cuando se evalúa la seguridad de los datos almacenados en la nube: la ubicación del servidor y la sede corporativa del proveedor. En caso de que el servidor se encuentre en el extranjero, los protocolos de seguridad se regirán según las leyes del país y no aplicará la legislación española. Se sabe que, por ejemplo, las leyes de protección de datos de los Estados Unidos son menos estrictas que las de la Unión Europea. Tanto es así, que incluso empresas cuyas sedes están localizadas en los Estados Unidos deciden usar servidores localizados en Europa.

Con el fin de obtener la mayor seguridad y todas las posibles garantías en cuanto a protección de datos e información, es recomendable informarse sobre la ubicación del servidor y de todos aquellos detalles legales que puedan ser significativos para el almacenamiento en la nube de cualquier proyecto online. Con 1&1, por ejemplo, es posible elegir la ubicación del centro de datos (España, Alemania, EE.UU, etc.) cuando se contrata un servidor.

Los atractivos del cloud hosting

Aunque el almacenamiento en la nube implica un riesgo de robo de datos, esto ocurre también con otros tipos de servidores. Esta es, tal vez, la única desventaja entre la gran cantidad de beneficios que ofrece el cloud computing. Lo único que se necesita para usar la nube es una conexión a Internet y teóricamente es posible acceder a ella desde cualquier lugar del mundo. El usuario puede trabajar en sus proyectos cuando desee, ya sea en el tren o durante alguna escala en el aeropuerto, o simplemente hacer streaming de su música y de sus películas favoritas. Toda la información permanecerá intacta y el único requisito será tener acceso a Internet. En caso de que sea necesario modificar ciertas aplicaciones, gestionar la capacidad de almacenamiento o de la memoria, es posible hacerlo de manera remota poniéndose en contacto con el proveedor.

Los servidores cloud no están sujetos a ningún hardware fijo, lo que los convierte en una excelente opción de alojamiento para páginas web o tiendas online, donde una alta fiabilidad es imprescindible. Sin embargo, tal vez el mayor atractivo del cloud hosting es su modelo único de facturación: a diferencia de las soluciones tradicionales de servidores, los usuarios de la nube no tienen que pagar contribuciones mensuales fijas, sino que pagan únicamente por lo que utilizan. Así, gracias al principio de pago por uso, los costes serán directamente proporcionales a los segundos u horas usados.

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